Comencé a leer los textos que le mandaba. Suplicantes, distantes, comprometidos, con esa inmediatez emocional, que da la mensajera instantanea. Así, sin filtro, sin consideración.
Y note, un clima diferente en los de ella. Unas educadas contestaciones o silencios, que me recordaron a las que se les da; a los envíos de un borracho en la madrugada... Llevan una lejanía, que la dan los kilómetros o el mucho sufrir. No lo se. Puede que nunca lo sepa. La empatia me cuesta con los sentimientos tan frescos.
Siempre fui, de un celeste deslucido. Es hora de revertir, esta transformación a principesco sapo.
No la molesto más
Y note, un clima diferente en los de ella. Unas educadas contestaciones o silencios, que me recordaron a las que se les da; a los envíos de un borracho en la madrugada... Llevan una lejanía, que la dan los kilómetros o el mucho sufrir. No lo se. Puede que nunca lo sepa. La empatia me cuesta con los sentimientos tan frescos.
Siempre fui, de un celeste deslucido. Es hora de revertir, esta transformación a principesco sapo.
No la molesto más

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