viernes, agosto 03, 2007

Un año sin Fidel al timón


Fidel Castro Ruz Los críticos del régimen -tras la decepción por la supervivencia de Fidel Castro- han dejado atrás la euforia que las noticias sobre la enfermedad del líder revolucionario les habían despertado hace un año. Es para ellos una pesada carga porque entonces hubo quienes dieron por sentado que había muerto y festejaron; anticipadamente, se sabe ahora.

Desde La Habana el colectivo que reemplaza a Fidel en el poder, con su hermano Raúl Castro en el lugar prominente, parece seguir empeñado en la misma tarea de los pasados 12 meses: proyectar una normalidad institucional contra la cual se estrellen los pronósticos de un caos interno que algunos anuncian como inevitable.

¿El resultado? La isla-nación parece estancada hoy en una situación en la cual ni los cambios a futuro ni las regresiones políticas son posibles en el corto plazo. Hay apenas una certeza: Raúl ha logrado disciplinar los dos pilares sobre los que se asienta aquel poder: el Partido Comunista y las Fuerzas Armadas. Suficiente por ahora, pero quizá no lo sea por mucho tiempo.

De hecho hay que convenir que el gobierno ha tenido, al menos en este año sin Fidel al timón, un nivel de eficiencia mucho mayor que el de sus opositores. En los hechos, la pérdida del unicato de liderazgo que encarnaba la figura histórica ha sido reemplazada por más institucionalidad sin que esto haya producido una conmoción mayor.

Por debajo de la quietud aparente hay procesos diferentes en marcha. No parece posible siquiera por mera lógica biológica que, con los 81 años que cumplirá en agosto, Fidel vaya a poder protagonizar un regreso pleno. Raúl, por lo demás, sabe que por las mismas razones (tiene 76 años) lo suyo es también provisorio.

Raúl Castro Ambos hermanos parecen haber encontrado lugares cómodos para llevar adelante sus tareas. Fidel es hoy algo así como "el filósofo residente" de la Revolución -hasta un libro acaba de publicar en la isla- que guarda para sí un claro rol de supervisor, mientras que Raúl se encarga de la sensible tarea de acomodar al gobierno a las nuevas circunstancias. Ambos roles sugieren que no podrá pasar mucho tiempo sin que encaren al menos algunos de los cambios que serán necesarios si desean amarrar el futuro para su revolución.

Es sensato aguardar que esos cambios, si comienzan a producirse, se vean reflejados más en la economía que en la política cubana, al menos en un primer tiempo. Algo de esto sugirió Raúl hace algunos días cuando admitió que Cuba no había emergido aún del "período especial" -eufemismo que identifica la pérdida del patronazgo soviético a comienzos de los 90- y reclamó un aumento de la producción nacional.

Es interesante destacar que en ese mismo discurso, Raúl reabrió la posibilidad de dialogar con EE.UU., aunque supeditándolo a la nueva administración. Esta disposición cubana no es nueva, pero más interesante es que dos de los principales precandidatos demócratas, Hillary Clinton y Barak Obama, se trenzaron en un debate porque este último declaró su disponibilidad para dialogar con los Castro y con Hugo Chávez.

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