jueves, febrero 14, 2008

Sherlock vive

Por Andrea Ferrari

Sherlock Holmes supera a Winston Churchill. No es que sea más conocido ni más interesante ni más ingenioso: es más real. Es decir, Sherlock Holmes anduvo caminando por las calles de Londres con su pipa, su gorro y el fiel Watson a su lado, mientras que el pobre de Churchill no es más que la creación de algún ignoto escritor.

Eso es lo que piensa una buena parte de los jóvenes británicos, según la encuesta de una cadena de televisión que se dio a conocer en estos días. Los datos dicen que el 58 por ciento está seguro de que el detective existió en la realidad, mientras que un 23 por ciento no tuvo dudas en sostener que Churchill era un personaje de ficción.

Más allá de las inquietantes lagunas que parecen tener los estudiantes británicos en lo que respecta al dos veces primer ministro, lo interesante de este asunto es lo vivo que sigue estando Holmes.

El hombre de tan real existencia tiene una casa propia en el 221B de la londinense Baker Street, donde pueden verse sus muebles y efectos personales y hasta fue nombrado hace pocos años miembro honorario de la Real Academia de Química de Gran Bretaña, en un día en que sus integrantes parecen haber estado en vena humorística. Y, además, medio planeta repite aquello de “Elemental, mi querido Watson”. Es un detalle curioso que la frase no aparece textualmente en ningún libro. Pero justamente, no se trata de literatura sino de hechos: Sherlock Holmes es más real que muchos seres de carne y hueso.

Recientemente, buscando información para un libro, leí una buena cantidad de biografías de Arthur Conan Doyle y todo lo que encontré sobre Holmes, empezando por las cuatro novelas y cinco volúmenes de cuentos que protagoniza. Pensados hoy (después de la cantidad de historias policiales que uno ha consumido a lo largo de la vida), sus casos tienen un cierto olor a rancio y varias de las resoluciones resultan algo ingenuas. Lo interesante es todo lo demás: el personaje creado y lo que se erigió en torno de él. Las miles de copias, las decenas de asociaciones dedicadas al puntilloso estudio (e incluso recreación) de sus casos, las películas, las frases. Los modelos: el prototipo del detective y el prototipo de su ayudante.

Hubo, sin embargo, un Holmes verdadero, es decir una persona real que le sirvió de inspiración al autor: el médico Joseph Bell, capaz de extraer asombrosas conclusiones de la simple observación de sus pacientes. El propio Conan Doyle lo reconoció en una carta dirigida a Bell, su profesor en la universidad, expuesta no hace mucho en un museo. “Es sin duda a usted a quien debo Sherlock Holmes –escribió– y no creo que su capacidad analítica exagere en absoluto algunos efectos que le he visto producir a usted en la clínica de pacientes externos” (de paso, Bell también es la inspiración del televisivo y holmesiano Dr. House, no en vano llamado Joseph House).

Doyle hizo durante un tiempo de ayudante de Bell en el consultorio, es decir que fue el Watson que se maravillaba ante las impactantes conclusiones de su maestro. Pero Sir Conan Doyle no estaba para segundón y así como amó y odió a su detective (tanto que lo mató cuando ya no lo soportaba y lo resucitó ante el clamor de los lectores y la apabullante cantidad de dólares que le ofrecían sus editores norteamericanos por las nuevas historias), se empeñó en demostrar que podía ser tan sagaz en la vida real como su creación era en los papeles.

Ya en esa época, los lectores se entregaban alegremente a la confusión entre el autor y el personaje y solían enviar cartas solicitando que Sherlock Holmes o Conan Doyle, o ambos, se interesaran en un determinado caso real. Finalmente, el autor encontró uno que le pareció digno de su interés: la injusta acusación contra el abogado George Edalji por una misteriosa matanza de animales, una historia recreada por Julian Barnes en la admirable novela Arthur & George.

Su investigación fue exitosa y le rindieron los honores del caso. Luego emprendió otras, donde tampoco le fue mal. Eso no evitó, por supuesto, que siguiera estando para siempre a la sombra de Sherlock Holmes. Y aunque su nombre no se incluyó en la reciente encuesta, si los mismos jóvenes británicos fueran consultados probablemente dirían que Conan Doyle es un personaje tan ficticio como Churchill. Quizás una creación del detective Holmes cuando sus casos le dejaban tiempo libre.

Es posible imaginar aquí una encuesta similar que dentro de cien años muestre que Martín Fierro era un muchacho algo violento que vivía en la Pampa y Mafalda una chica muy aguda del barrio de San Telmo. Y quizás algunos personajes de la historia reciente demasiado siniestros para ser reales se conviertan en ficción: el producto salido de la mente de un escritor retorcido en un día verdaderamente negro.

Y Sherlock Holmes seguirá vivo.

miércoles, febrero 13, 2008

Borges, desde el tablón por Hernán Casciari


Lo peor que puede pasar en una mesa, cuando el tema es Borges, es que los que conversan empiecen con la cantinela de su posición política y la mar en coche. Hasta los 25 años yo me tomaba el trabajo de discutir sobre el asunto (un día en Chile, incluso, me cagué a palo con uno).
Pero desde que maduré, me levanto de la mesa y me voy sin saludar.

Para ser hincha de Borges, pero hincha en serio, ojo, es necesario ir todos los domingos a la cancha. No vale ser "simpatizante". Es decir, no vale comprarse los tres tomos color manzana y tenerlos a la vista en el anaquel. No vale "haber leído" a Borges. Para ser un incondicional, por lo menos la Poética Completa tiene que vivir en el baño, arriba del canasto de la ropa, junto a la revista dominical del diario y el Deportivo del lunes.

Para empezar, hay que saber que Borges dijo todo lo necesario que había para decir en el mundo. Si no tenés bien clarito esto, no podés ser hincha. Las demás cosas que dijo o escribió el resto pueden estar bien o mal, pero no son tan tan tan fundamentales. Por eso, en cualquier conversación jugosa sobre cualquier tema, un hincha en serio no tiene otra opción que decir, cada dos por tres: "boludo, ya lo decía Borges", y poner cara de barrabrava.

Los hinchas de Borges no son intelectuales. Les importan un carajo las siguientes palabras: semántica, silogismo, hipertexto, entrelínea y epistemología. Los hinchas de Borges no compran nunca, ni a punta de pistola, libros que estudian la obra de Borges, ni libros que chusmean sobre su vida privada. Los barrabrava más radicales incluso van a las librerías a quemar este tipo de literatura analítica o biográfica, mientras cantan de esta forma:

"Sarlo,

qué asco te tengo,

lavate el culo

con aguarrás".

o de esta otra:


"María

Kodama,

la concha de

tu hermana".


Lo que sí hacen los hinchas muy a menudo es juntarse en un departamento a fumar porro y leer a Borges en voz alta, pasándose el libro cada tanto para que no se les seque la garganta a ninguno.

Se empieza con la poética y se sigue con algún cuento. Después, hacia las tres am, se mechan ensayos cortos para no caer en el fanatismo barato. Si bien no es conveniente conversar mucho durante estas tertulias, está permitido, cada tanto, intercalar alguna interjección. Por ejemplo:

Lector: —"(...) A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y como el aire."


Oyente: —¡Qué hijo de una gran puta!


Las hinchas femeninas de Borges fuman como un escuerzo y son, a los ojos de las señoras de los otros edificios, más putas que las gallinas de la raza ponedora. Puede invitarse a una tertulia a señoritas decentes para disimular, incluso a vírgenes, pero entre la medianoche y el alba pasan dos cosas: o se quedan dormidas —en tal caso hay que despertarlas y pedirles un taxi— o entienden de golpe el mundo y empiezan a manotear la poronga del que está leyendo.

Otra conversación aburrida y tópica, a la que los hinchas le escapan como el gato al agua, es la que gira sobre la sexualidad de Borges. A un barrabrava serio no le importa si a Borges se le erguía o no la chota en la intimidad. Ni le preocupa en lo más mínimo que su literatura esté excenta de salvajismo sensual. Los hinchas están en contra de Estela Canto y de todas las mujeres que se han querido hacer famosas a costa de la impotencia del escritor. Si Borges no se las cogía, es porque eran feas.


Adolfo Bioy Casares es un problema para la hinchada. Siempre lo fue. Se acepta y festeja su amistad con Borges, pero muchos hinchas no están de acuerdo con la literatura de Bioy. No les divierte, no los seduce, no les calienta. Pero igual —a pedido de los fanáticos muy radicales— a veces en las tertulias se lee un poquito de "La Invención de Morel": más que nada el prólogo. Y santas pascuas.

Por último, pequeños detalles para ser un buen hincha: los libros de Borges no se prestan: se regalan. Está permitido decirle "el ciego" en la intimidad, pero nunca delante de gente que no sea barrabrava. No necesariamente hay que obsesionarse con las espadas, los mayores, el sajón, los espejos, el color amarillo ni el idioma alemán (una cosa es ser fanático, y otra cosa es ser adolescente histérico). Para un buen hincha, el mejor dibujo de Borges lo hizo Sábat.

Pero lo más importante para un hincha en serio es no hacer alarde de Borges. No hay que decir nunca (y mucho menos en un blog que se lee en la península) que Borges es el mejor escritor en castellano de todos los tiempos. Porque a los cervantinos se les atraganta la comida cada vez que descubren que la Eurocopa a veces la ganan, sí, pero que el Mundial fue y será siempre blanquiceleste.

jueves, febrero 07, 2008

Ruido mucho ruido


Razones para mentir

Evitar conflictos

Evitar las consecuencias del accionar

Esconder que si y que no se ha hecho

Evitar el rechazo

Evitar sentirse incomodo

Controlar la situación

Parecer con más éxito o talento

Evitar conflictos

Evitar las consecuencias del accionar

Esconder que si y que no se ha hecho

Evitar el rechazo

Evitar sentirse incomodo

Controlar la situación

Parecer con más éxito o talento

La modernidad da nuevo nombre y razón a todo esto.

Demuestran cambios anatómicos en los mentirosos patológicos

Un estudio de la Universidad del Sur de California descubrió la primera prueba de anormalidades cerebrales estructurales en personas que mienten habitualmente, engañan y manipulan a otras.

Aun cuando investigaciones previas habían mostrado que existe una elevación en la actividad de la corteza pre frontal el área del cerebro que posibilita a la mayoría de las personas para sentir remordimientos o aprender una conducta moral cuando las personas normales mienten, este es el primer estudio que proporciona evidencia de diferencias estructurales en esta área entre los mentirosos patológicos.

La investigación encabezada por Yaling Yang y Adrian Raine, ambos del Colegio de Letras, Arte y Ciencia de la USC se publicó en el número de octubre de la revista British Journal of Psychiatry.

Los sujetos se obtuvieron de una muestra de 108 voluntarios de la bolsa de trabajo temporáneo de Los Ángeles. Se les hicieron una serie de pruebas psicológicas y entrevistas a 12 en la categoría de personas que tenían una historia de mentir repetidamente (11 hombres 1 mujer), 16 que exhibían signos de trastorno de personalidad antisocial pero no siendo mentirosos patológicos (15 hombres 1 mujer), y 21 que fueron controles normales (15 hombres, 6 mujeres).

"Buscamos cosas como inconsistencias en sus historias acerca de su trabajo, educación, crímenes y familiares, dijo Raine, un profesor de psicología de la USC y co-autor del estudio.

"Los mentirosos patológicos son siembre encapaces de separar la verdad de la mentira y se contradicen a sí mismos en una entrevista. Son manipuladores y admiten que hacen victimas a las gentes. Son atrevidos en cuanto a sus maneras, pero muy serenos cuando hablan de esto.

Agrega Raine, que aparte de tener historial de estafadores o de usar alias, los mentirosos habituales también admiten ser malintencionados, o decir falsedades para obtener beneficios enfermizos.

Después de categorizarlos, los investigadores usaron Imagen de Resonancia Magnética para explorar las diferencias en la estructura cerebral entre los grupos. Los mentirosos mostraron significativamente mayor cantidad de materia blanca y ligeramente menor de materia gris, que aquella mostrada en los otros grupos, enfatizó Raine.

Específicamente, los mentirosos tenían un 25.7 % de incremento en la material blanca pre frontal comparado con los controles antisociales y un 22% de incremento comparado con los controles normales. Los mentirosos tenían un 14.2 % de descenso en la materia gris pre frontal comparado con los controles normales.

Dice Raine que, más material blanca el material conductor del cerebro podría proveer a los mentirosos con las herramientas necesarias para ser unos maestros den el complejo arte del engaño.

"El mentir requiere mucho esfuerzo, dice.

"Son casi unos lectores de las mentes. Tú tendrías que ser capaz de entender su mentalidad. Tú también te sorprendes de cómo regulan sus emociones debido a que nunca quieren aplacer como nerviosos. También te sorprenderías de ver como regulan sus emociones.

"Nuestra explicación es que entre más redes de conexión existan en su corteza pre frontal, esa persona será más capaz de mentir. Sus habilidades verbales son mayores. Casi se puede decir que ellos tienen ventajas naturales."

Pero en las personas normales, es la materia gris o las células cerebrales, que son conectadas por la material blanca la que nos ayuda a mantener al impulso por mentir reprimido.

El estudio demostró que los mentirosos patológicos tienen un excedente de materia blanca, y un déficit de materia gris. Esto quiere decir que tienen más herramientas para mentir acompañado de menores restricciones morales que la gente normal, agrega Raine.

"Tienen todo el equipo para mentir, sin tener todas las desinhibiciones que tenemos nosotros para andar soltando mentiras colosales, dice.

"Cuando las personas toman decisiones morales, lo hacen en base a su corteza pre frontal. Cuando invitamos a los normales a que tengan decisiones morales, vemos la activación de lo porción frontal del cerebro explica. Si estos mentirosos tienen un 14% de reducción en la materia gris, quiere decir que es menos probable que les importe acerca de temas morales. Teniendo más material gris suprimiremos esas actividades.

Los investigadores no piensas que esta investigación tan pequeña sea suficiente para asegurar sobre las diferencias estructurales de todos los mentirosos.

"Estos son solo algunos de los componentes, asevero Raine.

"Estos descubrimientos necesitan ser repetidos y extendidos a otras partes del cerbero. Saber si existen otros procesos neurobiológicos.

"No teníamos estudios como este. Estamos muy emocionados porque apenas estamos empezado el estudio, ya que necesitábamos algo que nos impulsara en este descubrimiento.

Yang, quien es el autor en jefe de este estudio, dice que estos hallazgos eventualmente podrían ser usados en diagnósticos clínicos y podrían tener aplicaciones en la justicia criminal y en el mundo de los negocios.

"Si los descubrimientos pueden ser replicados y extendidos esto tendría implicaciones a largo plazo en muchas áreas dijo Yang, quien es un estudiante de doctorado en la USC en el departamento de psicología cerebral y en el programa de ciencias de la conducta.

"Por ejemplo, en el sistema legal puede ser usado para ayudar a la policía que trabaja con aquellos que sospeche que están mintiendo. En términos de práctica clínica, podría ayudar a los clínicos a averiguar quién esta fingiéndose enfermo inventando una discapacidad para obtener una ganancia financiera. Y también en los negocios, para investigar a los empleados, para saber cuáles son no convenientes de contratar

"Pero actualmente, debemos enfatizarlo que no hay aplicaciones prácticas dijo.

En su artículo original, los autores mencionan que en estudios separados de niños autistas quienes típicamente tienen problemas con las mentiras han mostrado el patrón inverso de índices de materia gris/material blanca...

"El hecho de que los niños autistas tengan dificultades por sus mentiras y también muestren material blanca pre frontal reducida constituye el patrón opuesto aunque compensatorio de los resultados comparados a adultos quienes tienen materia blanca pre frontal incrementada característica de las personas a las que se les facilita mentir, escribieron los investigadores.

"Aunque el autismo es una condición compleja y no puede ser tomada como un modelo de mentiroso, estos resultados hacen convergencia con los descubrimientos actuales sobre adultos mentirosos en que se sugiere que la corteza pre frontal esta centralmente involucrada en la capacidad para mentir.

Como no confío acá subo el link original. =)

http://bjp.rcpsych.org/cgi/content/full/190/2/174?maxtoshow=&HITS=10&hits=10&RESULTFORMAT=&author1=raine&searchid=1&FIRSTINDEX=0&sortspec=relevance&resourcetype=HWCIT


La mentira y sus piernas

Por Juan Sasturain

Tengo un amigo periodista a cuya mujer la llama (y le dicen) cariñosamente “la mentira”. ¿Por qué? Porque tiene las piernas cortas. Qué animal. Ese refrán –“la mentira tiene piernas cortas”– era parte del repertorio de Perón, que si algo tuvo siempre –mintiendo o no– fue piernas largas. Pero la idea obvia es que con el engaño no se llega lejos, que te agarran o descubren enseguida. Habría que deslindar diferencias –acaso convencionales– entre mentira y engaño. Algo así como que se miente en general –quitarse años, agregarse anécdotas– y se engaña a alguien: cuernos, cifras del Indec. En cualquier caso, acaso sea cierto lo del refrán, aunque habría que someterlo a estadísticas o preguntarle al cínico San Goebbels, patrono de los publicistas. Supongo que habrá ejemplos de ambos lados en la historia para demostrar que las tiene cortas o largas. Pero lo que el dicho no dice –y es lo que hace a su misterio y seducción– es que la mentira tiene piernas muy bellas. Mucho más lindas que las de la verdad, que no se banca la minifalda y que, como se sabe desde Serrat e incluso algunos milenios antes, lo que no tiene es remedio.
La mentira misma, en cambio, “es” un remedio. No está demostrada la necesidad de la verdad, que se confunde con lo que está ahí, lo que es o lo que (se) conviene que sea. La de la mentira, sí. Nadie lo ha explicado mejor que el gran Oscar Wilde –víctima atroz de las seudoverdades de su tiempo y sus administradores– en “Sobre la decadencia en el arte de mentir”. La ecuación de Wilde era transparente: se miente, es decir, se vive, se inventa una vida, una obra, porque la única verdad “lo que no tiene remedio” es la muerte, la de las piernas flacas y chuecas.
A esa evidencia le rajamos humanamente cuando celebramos a narradores, espías, estafadores de bancos, wings habilidosos y magos de circo. Esos, al mentir, señalando su máscara, suman sueños y engordan la ilusión, ensanchan el mundo. Los que tienen y dicen que dicen la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad –religiosa, política, económica– mejor perderlos de vista: ésos no te regalan sueños. Te los cobran, caros.

lunes, febrero 04, 2008

Todavia de Lunes



Sentimiento extraño para mí este.
Me identifico generalmente con Garfield, si, también por los molicies hábitos pero fundamentalmente por su actitud hacia el Lunes, día aciago si los hay.

Corto con mi novia, después de un triste intento de histeriqueo romántico por mi parte; del cual que me rio, más que me avergüenzo. Un poco de trabajo on-line de soporte tardío, me da tiempo en pensar acerca de los aficionados, amateurs; aquellos que no esperan ningún reconocimiento por su labor o tiempo dedicado. Se ve mucho en la Red, y lejos de la virtualidad tambien; por eso extraído de Expolier, subido en Octubre del 2007.
Este post. Ah, este sí creo que es de J.L.B. Muchas gracias Agripina!!!!!

Los Justos
Los miércoles a las nueve de la noche, hora de Nueva York, la cadena norteamericana ABC emite una serie de televisión que me gusta. A esa misma hora un mexicano llamado Elías, dueño de un vivero en Veracruz, la está grabando directamente a su disco rígido, y tan pronto como acabe subirá el archivo a Internet, sin cobrar un centavo por la molestia. Tiene esta costumbre, dice, porque le gusta la serie y sabe que hay personas en otras partes del mundo que están esperando por verla. Lo hace con dedicación, del mismo modo que trasplanta las gardenias de su jardín para que se reproduzca la belleza.
A las once de la noche de ese mismo miércoles, Érica, una violinista canadiense de veinticuatro años que ama la música clásica, baja a su disco rígido la copia de Elías y desgraba uno a uno los diálogos para que los fanáticos sordomudos de la serie puedan disfrutarla; distribuye esos subtítulos en un foro tan rápido como puede. No cobra por ello ni le interesa el argumento: lo hace porque su hermano Paul nació sordo y es fanático de la serie, o quizás porque sabe que hay otra mucha gente sorda, además de su hermano, que no puede oír música y debe contentarse con ver la televisión.
A las 3:35 de la madrugada del jueves, hora venezolana, Javier baja en Caracas la serie que grabó Elías y el archivo de texto que redactó y sincronizó Érica. Javier podría ver el capítulo en idioma original, porque conoce el inglés a la perfección, pero antes necesita traducirlo: siente un placer extraño al descubrir nuevas etimologías, pero más que nada le place compartir aquello que le interesa. Para no perder tiempo, Javier divide el texto anglosajón en ocho bloques de tamaños parecidos, y distribuye por mail siete de ellos, quedándose con el primero.
Inmediatamente le llega el segundo bloque a Carlos y Juan Cruz, dos empleados nocturnos de un Blockbuster bonaerense que suelen matar el tiempo jugando al ajedrez, pero que ocupan los miércoles a la madrugada en traducir una parte de la serie, porque ambos estudian inglés para dejar de ser empleados nocturnos, y también porque no se pierden jamás un capítulo.
El tercer bloque de texto lo está esperando Charo, una ceramista de Alicante que está subyugada por la trama y necesita ver la serie con urgencia, sin esperar a que la televisión española la emita, tarde y mal doblada, cincuenta años después. El cuarto bloque lo recibe María Luz, una tipógrafa rubia y alta que trabaja, también de noche, en un matutino de Cuba: María Luz deja por un momento de diseñar la portada del diario y se pone rápidamente a traducir lo que le toca. Dice que lo hace para practicar el idioma, ya que desea instalarse en Miami.
El quinto bloque viaja por mail hasta el ordenador de Raquel y José Luis, una pareja andaluza que vive de lo poco que le deja una librería en el centro de Sevilla. Llevan casados más de veinticinco años, no han tenido hijos, y hasta hace poco traducían sonetos de Yeats con el único objeto de poder leerlos juntos, ella en un idioma, él en otro. Ahora, que se han conectado a Internet, descubrieron que además de buena poesía existe también la buena televisión.
El sexto bloque le llega a Ricardo, en Cuzco: Ricardo es un homosexual solitario —y muchas noches deprimido— que traduce frenéticamente mientras hace dormir a su gato Ezequiel. El séptimo lo recibe Patrick, un inglés con cara de bueno que viajó a Costa Rica para perfeccionar su español, lo desvalijó una pandilla casi al bajar del avión pero igual se enamoró del país y se quedó a vivir allí. Y el octavo bloque le llega, al mismo tiempo que a todos, a Ashley, una chica sudafricana de madre uruguaya que es fanática de la serie porque le recuerda (y no se equivoca) a su libro favorito: La Isla del tesoro.
Los ocho, que jamás se han visto las caras ni tienen más puntos en común que ser fanáticos de una serie de la televisión o de un idioma que no es el materno, traducen al castellano el bloque de texto que le corresponde a cada uno. Tardan aproximadamente dos horas en hacer su parte del trabajo, y dos horas más en discutir la exactitud de determinados pasajes de la traducción; después Javier, el primero, coordina la unificación y el envío a La Red. Ninguno de los ocho cobra dinero para hacer este trabajo semanal: para algunos es una buena forma de practicar inglés, para otros es una manera natural de compartir un gusto.
A esa misma hora Fabio, un adolescente a destiempo que vive en Rosario, a costas de sus padres a pesar de sus 23 años, encuentra por fin en el e-mule la traducción al castellano del texto. Con un programa incrusta los subtítulos al vídeo original, desesperado por mirar el capítulo de la serie. A veces su madre lo interrumpe en mitad de la noche:
— ¿Todavía estás ahí metido en Internet, Fabio? ¿Cuándo vas a hacer algo por los demás, o te pensás que todo empieza y termina en vos?

—Tenés razón mamá, ahora mismo apago —dice él, pero antes de irse a dormir coloca el archivo subtitulado en su carpeta de compartidos para que cualquiera, desde cualquier máquina, desde cualquier lugar del mundo, pueda bajarlo. Fabio jamás olvida ese detalle.

Los jueves suelo levantarme a las once de la mañana, casi a la misma hora en que Fabio, a quien no conozco, se ha ido a dormir en Rosario. Mientras me preparo el mate y reviso el correo, busco en Internet si ya está la versión original con subtítulos en español de mi serie preferida, que emitió ocho horas antes la cadena ABC en Estados Unidos. Siempre (nunca ha fallado) encuentro una versión flamante y me paso el resto de la mañana bajándola lentamente a mi disco rígido, para poder ver el capítulo en la tele después de almorzar. Mientras espero, escribo un cuento o un artículo para Orsai: lo hago porque me resulta placentero escribir, y porque quizás haya gente, en alguna parte, esperando que lo haga.

El artículo de este jueves habla de Internet. Dice, palabras más, palabras menos, algo que hace veinticinco años dijo Borges mucho mejor que yo, en un poema maravilloso que se llama Los Justos:

"Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."